Durante la Pascua de 1960 Latimer metió en una botella gigante una trasdecantia, la regó y la dejó sin ningún otro cuidado hasta 1972, momento este en el que volvió a echarle agua. Tras darle de beber a la trasdecantia cerró la botella que todavía hoy permanece así.
El aspecto de la planta es saludable y cualquiera diría que puede mantenerse de la misma manera al menos otros 50 años más. La única vitamina que reciben sus hojas es la luz natural, por lo que la planta realiza la función de la fotosíntesis de manera normal, nutriéndose de las bacterias que sobreviven en el fondo y absorbiendo el agua que se genera por la condensación.
Este ingeniero inglés jubilado cuida ahora a la trasdecantia como si fuese uno más de la familia y se ha marcado como objetivo que cuando él no pueda sea su hijo el que siga cuidándola.